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Personas, marcas, e imanes.

Personas, marcas, e imanes.
20/01/2014 admin

Y… que tienen que ver estas tres cosas. Las personas y las marcas si, pero… ¿Y los imanes?

Siempre que comienzo cualquier post de mi blog digo lo mismo: no soy mucho de escribir, lo mío es diseñar. Y es que me gusta que los que escriben escriban, los que hacen fotografía saquen sus fotos y los diseñadores diseñen. Zapatero a tus zapatos, dice el sabio refranero español. Pero de vez en cuando igual que a algún periodista le suele dar por convertirse en director de arte, a mi, me suele dar por opinar o contar alguna cosa y no me queda más remedio que escribir. En fin, al lío…

Creo que las personas nos comportamos como imanes.

Una vez tenemos una cierta atracción con alguien si no sabemos acercarnos de la forma correcta, del lado correcto, con la velocidad e intensidad adecuada puede que lo que provoquemos sea un rechazo. Ya se sabe, dos polos iguales se rechazan. Es igual que estemos “imantados”, o exista mucha atracción.

A veces, creo que una vez establecida esa atracción, de haber generado un interés, de haberse conocido y de haberse “imantado” hay que estudiar la forma en que debemos acercarnos para conectar del todo. Y es aquí donde muchas veces fallamos. Lo creo, de verdad. Y lo creo porque una vez existe atracción o interés en muchas ocasiones se tiende a tener poco en cuenta a la otra parte… el ser humano es egoista y siempre buscamos nuestro propio bienestar. Conseguir lo que queremos.

Pensarlo, creo que en algunas ocasiones lo mejor para acercarse puede ser alejarse. Que utopía, ¡y que costoso! pero no queda más remedio. Y es que para comprobar nuestro poder de atracción a veces lo que hay que hacer es irse en otra dirección, estudiar y tener en cuenta la otra parte, y acercarse de la forma adecuada en otro momento. Con el “polo correcto”, en el momento justo. Y es que alejarse muchas veces es una forma de acercarse. De mostrar respeto, confianza, de dejar libertad y poder de decisión a la otra parte. De comprobar el escenario y ver quien te sigue, y quien no. Y es que si no hay un cierto interés en la otra parte, vayamos como vayamos… de forma insistente o sosegada nunca habrá conexión.

Y hablo de personas… pero ¿y qué sucede con las marcas/empresas?

Lo mismo, creo que las marcas o empresas que muestran sus cartas, su producto, y dejan una libre elección al consumidor suelen ser marcas más apetecibles. Más respetadas. El SPAM no funciona, lo tengo claro, masacrar a alguien e insistir no genera interés a nadie (cuantos odiamos a las operadoras de telefonía por sus insistentes llamadas).

Lo mejor es plantear bien tu producto o presentación, confiar en el mismo y ofrecerlo… y a partir de ahi “alejarte”. Que sea el consumidor quien te elija sin falta de insistencia.

¿Insistir no es convencer?

Puede que en algunos escenarios, tanto persona-producto, como persona-persona el insistir termine generando esa conexión buscada. Pero creo que es una conexión poco duradera, poco fiable y poco estable: explico porque:

Nadie quiere ver desesperación en la otra parte, todo el mundo quiere elegir en libertad, nadie que compre o esté obligado a estar con alguien por una determinada circunstancia sea “insistir”, o sea ver debilidad (una bajada de precio, un cambio de conducta radical para gustar más a la otra parte, etc) durará mucho tiempo en dicha relación. Tarde o temprano estos cambios producidos de forma artificial darán problemas tanto en la relación personal como en la profesional. Una bajada de precio puede hacer que el proveedor termine “quemado” teniendo disputas con el cliente por trabajar por un precio muy bajo, un cambio de conducta no es para siempre ya que cada uno tenemos nuestra propia personalidad y al tiempo terminará aflorando… generando problemas que deberían haber sido resueltos o expuestos, y lo más importante aceptados, desde un primer momento.

Entonces… ¿Qué es lo mejor?

Lo mejor es plantear bien las cosas. Empatizar, dar tiempo… plantear bien tu producto, tu presupuesto, tu empresa… Construir unos buenos cimientos y confiar en ellos. Confiar en ti mismo. Si el trabajo está bien resuelto, si te has comportado bien como persona… si los pilares son buenos y despiertas el interés suficiente venderás. O conectarás. Cada producto esta hecho para un tipo de cliente. Cada persona para otro tipo de persona… e intentar forzarlo de alguna manera insistiendo, de la forma que sea… no es sano, no es productivo… en definitiva, no es bueno.

Y algunos estaréis diciendo… que frío eres, ¿tratas las personas como productos o marcas?

Al contrario. Creo que deberíamos ver los productos/marcas como personas. Vender emociones, vender valores, y generar esa empatía, esa complicidad personal a la hora de vender. Cualquier relación comercial que tenga componentes personales de por medio, que contenga emociones, será duradera. Y es que no se trata de personas y productos, o productos y personas… se trata de personas únicamente. Personas que venden/vendemos, personas que compran. Personas que trabajan en empresas, y clientes que son personas.

Y volviendo a los imanes… y como resumen: “No sirve que exista únicamente una atracción, hay que acercarse de forma de correcta, o nunca lograremos esa conexión”.

Se trata de equilibrio, de dar y respetar el espacio, de mantener la atracción… de hacer las cosas bien y de confiar en uno mismo, en su producto, en sus habilidades y dejar que las cosas sucedan solas desde el respeto y la libre elección.

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